Francisco Rodríguez

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PERFIL PROFESIONAL

Francisco Rodríguez Prada es un artista gráfico, ilustrador y docente colombiano. Su obra en formato bidimensional, es de carácter figurativo, realista y de estilos variables, distinguida por un sólido dominio técnico. Algunos de sus artes son propositivos escrutando y juzgando desde su relación empática o apática con el sujeto estudiado. En sus ilustraciones cuenta historias desde el libro álbum y libros educativos. Realiza metáforas visuales, retratos, diseño de personajes y ambientes, ilustraciones de opinión y causas sociales. Como docente se especializa en metodologías de representación bidimensional: desde la observación, la abstracción simbólica de las formas, la denotación por huellas y códigos, la semiótica, el símbolo hasta la ulterior polivalencia en los significados y las configuraciones del lenguaje visual. Su especificidad disciplinar le permite enseñar cualquier técnica artística análoga como también herramientas digitales de pixel y de vector. Finalmente, cuenta con experiencia y con sensibilidad para el diseño y la diagramación editorial.

 

FRANCISOR NO ES COMO LO PINTAN (MISE en ABYME): Reflexiones en torno a la actividad del artista, el observador y el arte.

“El hombre de ayer no es el hombre de hoy, y el de hoy no será el de mañana.”

Heráclito

Emplear este apotegma del filósofo griego Heráclito (535 a.C.–484 a.C.) para comenzar una reseña que ha de dar razón sobre las características y el objeto del arte de FranciscoR, supone un sofisma en el sentido de que cualquier definición o intento de atribución de significados sobre la actividad artística y la vida del autor, resultará de carácter paradójico por su condición de no-ser, o mejor, por su condición de ser-cambiante o de ser-dinámico. Lo cierto es que el autor, independientemente del objeto o de las formas de sus artes, ha sido desde su infancia y «es»  todavía un creador de imágenes. El presente texto que es acompañado por autorretratos realizados a lo largo de su vida y de nuevos autorretratos que ha de agregar en un futuro, es en sí una imagen cambiante que él está pintando, pero expresada principalmente con palabras sobre sí mismo.

Sus imágenes  –a manera de proposición–, son un espejo del mundo, espejo de imágenes en si que él no concibió, pues las imágenes son sombras de imágenes, que son a su vez imágenes quizá del noúmeno pues ninguna de ellas es creatio exnihilo. Sin embargo, el autor desde sus pensamientos y sentimientos las infiere y las intuye, y desde sus entrañas las propone, de ahí que cada uno de sus artes sea tan especial y tan íntimo. El autor propone «Su» concepción del mundo figurando imágenes, transmutando formas visuales. «Sus» formas son de carácter bidimensional y el medio es el dibujo y la pintura. «Su» dibujo y pintura como lenguaje, se expresa mediante signos. Algunos signos son empleados conscientemente y otros inferidos de la vida misma.

Ahora bien, los signos como sombras se encuentran ubicados en un extremo, en el extremo de la subjetividad del artista, y en el otro extremo la vida misma, el otro humano, los otros ámbitos culturales… ¡El puente que los une es el lenguaje! Puente que pretende que haya una correspondencia entre los signos y las entidades significadas, puentes de semiología articulada, puentes que al ser cruzados por el otro, en eventos semánticos interpretativos, siempre conduzcan a nuevos caminos, a nuevas proposiciones, a nuevas lecturas, a nuevos horizontes de conocimiento. ¡El puente es lenguaje!, de ahí la preocupación del filosofo austriaco L. Wittgenstein (1889-1951) en relación con el lenguaje y con las posibles inferencias lógicas en la aprehensión de los significados. Él “se vale de analogías con imágenes para clarificar las relaciones entre el lenguaje y el mundo. Una proposición es una imagen [figura] de la realidad, [figura] de aquello que se presenta como un posible estado de las cosas; entender la proposición supone el saber de cómo son las cosas en el mundo […si la proposición fuese verdadera]. La proposición es verdadera si el estado de las cosas que es presentado por la figura existe, de lo contrario será falsa.” [Peter B. Lewis in CHRIS MURRAY, 2003, Key Writers on Art: The Twentieth Century, Ed. Routledge, New York, p.270].

Que la interpretación por parte del observador sea falsa o verdadera, adecuada o inadecuada, es irrelevante; se propende por un «correcto» uso del lenguaje visual como medio de expresión a pesar del escepticismo post-estructuralista. En todo caso, la metáfora de talante platónico empleada anteriormente en relación con las imágenes como espejo del mundo, ya relegaba éstas a meras sombras que se alejan cada vez más de un referente superior, deformándolo, reduciéndolo a una representación incompleta, inocua y dependiente como el Vorstellung que rechaza el filósofo alemán Gadamer (1900-2002). Por eso es tan importante que se propicie un evento epistémico en el acto de intuición e inferencia ya sea de índole emocional o intelectual ante el sujeto y  objeto de la proposición que se quiera tratar. Acto que se desarrolla a partir de las ideas históricas que articulan nuestro entendimiento cultural -sachen. Acto propiciado, primero, por parte del artista que ha de crear algo nuevo (complementar algo no representar algo), como también por parte del individuo receptor que ha de observar la obra de arte creada. Y es justamente este intercambio de perspectivas el acto de cruzar los puentes, lo que propicia cambios en nuestras maneras de entendimiento sobre las cosas y sobre el mundo.

Todo lo dicho anteriormente es plausible en concordancia con la calidad y el atractivo de las cualidades plásticas y los elementos formales de las imágenes artísticas que han de realizarse. Ellas serán un vehículo que envuelva las proposiciones intuidas e inferidas desde el fuero interno del artista, para facilitar esos diálogos con el otro, con la persona ajena. Pero ésta última (que se encuentra ubicada al otro extremo del puente), a su vez, debe interesarse o encontrar atractivas aquellas cualidades sensibles de los artes para acceder a ellos.

Esto conduce inevitablemente a especular sobre el tema de la estética como medio de persuasión. El crítico e historiador británico C. Bell (1881- 1964) con su concepto de forma significante, propugna por un  formalismo en donde le adjudica a los elementos plásticos formales de la obra, la capacidad de dirigir al observador hacía la experiencia estética. No obstante, la supuesta eficacia de persuasión por parte de los elementos formales puede depender, en un principio, de la sensibilidad y de los preceptos culturales que el observador posea. Pero en segunda instancia, depende de los estímulos fisiológicos y sus procesos neuroquímicos, es decir, de mecanismos biológicos subyacentes a la cognición. Para entender mejor lo anterior, es preferible hablar del hecho estético por su inmediatez y cercanía a las experiencias de nosotros mismos. Es como decía el escritor argentino J.L. Borges (1899-1986) en relación con la poesía: “el hecho estético es algo que no necesitamos definir […] es algo tan evidente, tan inmediato, tan indefinible por consiguiente, […]  como por ejemplo el amor, como por ejemplo el sabor de la fruta, […] el sabor del agua, […] el sabor del vino, como por ejemplo la llanura y el mar. Sentimos la poesía como sentimos la cercanía de una mujer o como sentimos una montaña o como sentimos una bahía…” [Jorge Luis Borges. Conferencia sobre La Poesía. Teatro Coliseo, Buenos Aires, 13 de Junio de 1977.]. Wittgenstein en relación con la estética, opina que su significado no puede ser “dicho” sino “mostrado”, puesto que ésta no se ocupa de  presentar los hechos sino que se ocupa de la relación o la actitud que uno tiene para con los hechos del mundo.

Consecuentemente, y en concordancia con Wittgenstein, el intento de decir lo que solo puede ser mostrado puede resultar en expresiones de insensatez, o se puede exceder con imprecisiones, o el concepto se tergiversa al agregar inferencias inexistentes; cuando por el contrario, lo que se pretende es una actividad de reflexión crítica con el objeto de clarificar y disipar ideas erróneas. Por lo tanto, el ejercicio de pintar con palabras para dar razón del objeto y propósito del arte de FranciscorR, remite no a lo que pueda decirse de éste, sino a la disposición del observador para abordar la obra y a lo que las imágenes del presente artista puedan expresar sobre él y sobre el mundo.